Clima y salud
Agosto, 2007
Del ecuador a los polos, el clima y el tiempo tienen grandes repercusiones directas e indirectas en la vida humana. Aunque las personas se adaptan a las condiciones en las que viven y la fisiología humana soporta variaciones meteorológicas considerables, esta capacidad de adaptación no es ilimitada.
Grandes variaciones meteorológicas en periodos breves pueden tener efectos considerables en la salud:
• El calor y el frío extremos pueden causar trastornos potencialmente mortales, como los golpes de calor o la hipotermia, además de aumentar la mortalidad por enfermedades cardiacas y respiratorias.
• En las ciudades, la ausencia de vientos puede conducir a la acumulación de calor y sustancias contaminantes, produciendo episodios de smog que tienen importantes repercusiones en la salud.
Estos efectos pueden ser graves. Las temperaturas anormalmente elevadas registradas en Europa en el verano de 2003 se asociaron a un aumento de más de 35.000 muertes en comparación con el mismo periodo de años anteriores.
Otras condiciones extremas, como las grandes lluvias, inundaciones y huracanes también pueden tener graves consecuencias sanitarias. En la década de los noventa se produjeron aproximadamente 600.000 muertes a consecuencia de desastres naturales relacionados con el tiempo; cerca del 95% se registraron en países pobres. Por ejemplo:
• En octubre de 1999, un ciclón causó 10.000 muertes en Orissa (India). Se calcula que el número total de afectados fue de 10 a 15 millones.
• En diciembre de 1999, las inundaciones de Caracas (Venezuela) y alrededores produjeron aproximadamente 30.000 muertos, muchos de ellos en los barrios de chabolas de las colinas expuestas.
Además de producir cambios del tiempo, las condiciones climáticas también afectan a las enfermedades transmitidas por el agua y por vectores tales como los mosquitos. Las enfermedades sensibles al clima se encuentran entre las principales causas mundiales de muerte. Tan sólo la diarrea, el paludismo y la malnutrición proteico-calórica causaron en 2002 más de 3,3 millones de muertes, el 29% de las cuales se produjeron en la Región de África.
EL CONTEXTO: CALENTAMIENTO GLOBAL
Cerca de dos tercios de la energía solar que llega a la Tierra es absorbida, calentando la superficie del planeta. El calor se irradia nuevamente a la atmósfera, donde una parte es atrapada por los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2). Sin este "efecto invernadero", la temperatura media de la superficie del planeta lo haría inhabitable.
Durante los últimos cincuenta años, las actividades humanas, y en particular el consumo de combustibles fósiles, han liberado cantidades de CO2 y otros gases de efecto invernadero suficientes para alterar el clima mundial. La concentración atmosférica de CO2 ha aumentado en más de un 30% con respecto a la era preindustrial, atrapando más calor en la zona baja de la atmósfera.
Según el Cuarto Informe de Evaluación (2007) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC), algunas de las consecuencias son que:
• La temperatura media de la superficie del planeta ha aumentado en aproximadamente 0,65 ºC en los últimos cincuenta años.
• Once de los últimos doce años (1995-2006) se encuentran entre los doce años más calientes desde que se iniciaron los registros de temperatura en la década de los cincuenta.
• El ritmo de calentamiento y la elevación del nivel del mar se han acelerado en las últimas décadas.
• Ha habido un aumento de las precipitaciones y un aumento general de la frecuencia de grandes lluvias en muchas zonas, y en particular en los países que se encuentran en latitudes medias o altas.
• La frecuencia y la intensidad de las sequías ha aumentado en las últimas décadas en algunas regiones, como algunas zonas de África y Asia.
• La frecuencia de los ciclones tropicales más intensos ha aumentado en algunas zonas, como el Atlántico Norte, desde la década de los setenta.
Las emisiones mundiales de CO2 siguen aumentando. En los modelos utilizados para prever cambios climáticos mundiales en el futuro se introducen estimaciones del aumento de la población y del uso de energía. Tras un examen de los resultados de varios de esos modelos, el GIEC ha hecho las siguientes previsiones para el próximo siglo:
1. La temperatura media de la superficie del planeta aumentará en 1,1 a 6,4 ºC, dependiendo, entre otras variables, de las tendencias futuras en el uso de energía. El calentamiento será mayor en las zonas terrestres y a mayores latitudes.
2. Aumentará la frecuencia y la intensidad de las olas de calor, de las grandes precipitaciones y de otros fenómenos extremos.
3. Se espera que el nivel del mar siga aumentando a un ritmo acelerado.
Muchos países están tratando de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el contexto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Sin embargo, a pesar de esos esfuerzos, las tendencias pasadas y futuras del desarrollo y el uso de energía indican que seguirá habiendo importantes cambios climáticos y una elevación del nivel del mar en las décadas venideras.
EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN LA SALUD
La salud pública depende en gran medida de la existencia de agua potable, alimentos suficientes, vivienda segura y buenas condiciones sociales, factores todos ellos que probablemente se vean afectados por el cambio climático. Los análisis de las posibles repercusiones del cambio climático hechas por el GIEC indican que el calentamiento probablemente traiga consigo algunos beneficios localizados, como una disminución de las muertes en invierno en los climas templados y un aumento de producción de alimentos en algunas regiones, especialmente en las grandes latitudes. Los servicios de salud pública y el buen nivel de vida podrían proteger a algunas poblaciones de determinadas repercusiones; por ejemplo, es improbable que el cambio climático permita la reintroducción del paludismo en el norte de Europa o en Norteamérica. Sin embargo, en términos generales, lo más probable es que los efectos sanitarios de un cambio climático rápido sean predominantemente negativos, sobre todo en las comunidades más pobres, que son las que menos han contribuido a la emisión de gases de efecto invernadero. Algunos de esos efectos sanitarios son:
- El aumento de la frecuencia de las olas de calor. Análisis recientes revelan que los cambios climáticos inducidos por el ser humano aumentaron significativamente la probabilidad de que se produjera la ola de calor registrada en Europa en el verano de 2003.
- Una mayor variabilidad de las precipitaciones puede poner en peligro el suministro de agua dulce, con el consiguiente aumento del riesgo de enfermedades transmitidas por el agua.
- El aumento de las temperaturas y la variabilidad de las precipitaciones probablemente reduzcan la producción de alimentos básicos en muchas de las regiones más pobres, aumentando así el riesgo de malnutrición.
- El aumento del nivel del mar incrementa el riesgo de inundación de la costa y puede llegar a provocar desplazamientos de población. Más de la mitad de la población mundial vive a menos de 60 Km del mar. Algunas de las regiones más vulnerables son el delta del Nilo (Egipto), el delta del Ganges y el Brahmaputra (Bangladesh) y muchas islas pequeñas, como las Islas Marshall, las Maldivas y Tuvalu.
- Los cambios climáticos probablemente prolonguen las estaciones de transmisión de importantes enfermedades transmitidas por vectores y alteren su distribución geográfica, propagándolas a regiones cuyas poblaciones carecen de inmunidad y/o de un infraestructura de salud pública sólida.
Las mediciones de los efectos sanitarios del cambio climático son muy aproximativas. No obstante, en una evaluación cuantitativa llevada a cabo por la OMS con respecto a algunas de las posibles repercusiones sanitarias se concluyó que los efectos del cambio climático que se ha producido desde mediados de la década de los setenta puede haber causado más 150.000 muertes en el año 2000. Asimismo se concluyó que esas repercusiones probablemente aumenten en el futuro.
LA RESPUESTA DE LA OMS
La OMS coordina revisiones bibliográficas de los datos científicos sobre las relaciones entre el clima, el cambio climático y la salud, y participa en el proceso de evaluación del GIEC. Teniendo en cuenta los resultados de estas evaluaciones, la OMS considera que el cambio climático rápido supone riesgos considerables para la salud humana, y en especial para las poblaciones más pobres. Por consiguiente, la Organización apoya las acciones destinadas a reducir la influencia humana en el cambio climático.
Las políticas paliativas planificadas cuidadosamente producen beneficios sanitarios directos. Por ejemplo, los sistemas de transporte urbano bien diseñados pueden reducir la emisión de gases de efecto invernadero, y al mismo tiempo reducir los principales efectos sanitarios de la contaminación del aire urbano y de la inactividad física, que matan a millones de personas cada año. El aislamiento eficiente de las viviendas puede reducir el consumo de energía y las consiguientes emisiones de gases de efecto invernadero, reduciendo las muertes tanto por el frío como por el calor, así como el uso de combustibles de biomasa en los países pobres y, por consiguiente, la contaminación del aire en los espacios cerrados. La OMS está intensificando sus medidas de apoyo a un desarrollo saludable que reduzca los actuales riesgos ambientales para la salud y al mismo tiempo ayude a reducir nuestro impacto en el clima mundial.
La OMS también considera que, teniendo en cuenta las emisiones de gases de efecto invernadero en el pasado, el mundo seguirá sufriendo un calentamiento y teniendo un clima más variable durante varios decenios, como mínimo. La labor de la OMS en materia de lucha contra las enfermedades infecciosas, mejora del agua y los servicios de saneamiento y respuesta a los desastres naturales ayuda a reducir la vulnerabilidad sanitaria a futuros cambios climáticos. La OMS también ha organizado en los países más vulnerables talleres destinados a aumentar la concienciación acerca de las repercusiones sanitarias del cambio climático y de las consiguientes variaciones del tiempo. La OMS está aumentando su colaboración con otros organismos de las Naciones Unidas para ayudar a los países a reforzar los componentes clave de los sistemas de salud, tales como la vigilancia y respuesta y la acción sanitaria en las emergencias, que son imprescindibles para proteger a la salud pública de las repercusiones del cambio climático.