*Todo verdadero cristiano que busca la pureza de pensamientos, palabras y acciones y todavía vive en las ciudades, reconoce que, desafortunadamente la vida en las ciudades ha sido demasiado incómoda y contaminada en muchos aspectos, por ejemplo: comida, aire, agua, noticias y reportes negativos, amistades e influencias del mundo que atacan la integridad de nuestras familias y nuestra misma integridad, escuelas con enseñanzas corrompidas e inservibles para nuestra educación superior y celestial. . .
En fin, aún con lo mucho que hay para hablar de lo negativo que es vivir en las ciudades, este librito ensalza lo precioso que es vivir en un lugar apartado de los grandes centros y lo que puede una persona que teme a Dios y guarda Sus Mandamientos llegar a ser a través de esa comunión con el Creador de toda la naturaleza en el lugar y el estilo de vida que Él preparó para nosotros que somos Su pueblo aquí en la Tierra, para educarnos y capacitarnos para la Patria Celestial; a saber, el campo.
Aunque, mirando de una manera muy concienzuda, sabemos que un cambio geográfico no cambia un carácter, la intención de Dios al llamar a Su pueblo a irse al campo es para que Él (no nosotros) pueda trabajar en nuestro carácter mediante el “rudo trabajo, vida sencilla, estricta economía, y a menudo penalidades y privaciones” – es lo que nos tocará – pero ¡qué bendición será para nosotros dejar la ciudad, “con sus solicitaciones al mal, sus alborotos y sus crímenes, su miseria y su impureza, para saborear la tranquilidad, la paz y la pureza del campo!”
Y así, a través de la completa dependencia de nuestro Señor, seremos transformados al contemplarlo en la hermosura de Su Santidad ofrecida cuando vivimos en el campo.
¿Qué estás esperando?
¡Empiece ahora mismo a pedirle a Dios que provea medios para que usted y su familia se vayan al campo lo más pronto posible!
Dios quiere renovar nuestro ser y sacar nuestros malos hábitos remplazándolos con nuevos hábitos que sean puros y santos. |